viernes, 26 de noviembre de 2010
El tiempo detenido en un suspiro
Antes de cerrar los ojos vi dos aves en el cielo, danzando. Su escenario cubierto de nubes grises no le quitaba la magia a aquel espectáculo circular y fluido. Dejándose llevar en lo alto por el mismo viento que acá acariciaba mi rostro, sin perder el ritmo continuaban, ajenas estaban, no importaba que yo mirara, ni nada de lo que pasara. Ni los gritos ni los autos, ni el caminar de algunos o el correr de otros, ellas solas estaban. Se buscaban, se encontraban y se alejaban en su danza cíclica y repetitiva.
Cerré los ojos y ya aves no eran, si no que dos personas ahora se enfrentaban, extendiendo sus manos pero sin tocarse, lanzaban sus besos al viento para que en los labios opuestos los depositase. El largo cabello de una el rostro del otro acariciaba, como si de extensiones de sus dedos se tratara. Las miradas se cruzaban desafiantes, tentando al opuesto para acercarse, en un juego que duro lo que podrían ser eternidades, hasta que finalmente en un abrazo tierno se entrecruzaron sus cuerpos, perdiendo los límites, no existían líneas ni extremos en aquel enredo, si hasta sus almas se confundieron. Dejaron de ser dos, ni siquiera se volvieron uno o muchos… eran de un momento a otro, todo.
Abrí los ojos, el cielo seguía gris y las aves en su baile se habían desvanecido. Quizás flotaron en el aire buscando aquel sol que brillaba ausente para mí, pero que en lo alto, ascendiendo, en su trono seguro se encontraba.
Se habían desvanecido esas dos aves, desvanecido… como el tiempo detenido en un suspiro.
martes, 23 de noviembre de 2010
Un descanso
“¿Cerremos los ojos?, descansemos un rato, ¿Te parece?”
El sueño me vence de a poco, pero no quiero dejar de verte. Hace tanto tiempo ya que la única forma de hacerlo es cerrando los ojos, que ahora no quiero. Por fin apareces frente a mí con los ojos abiertos y con la conciencia aun habitando mi interior, esta oportunidad no la pierdo.
Continúas ahí, tus piernas y pies sobre el sillón, tu cintura ligeramente quebrada para acomodarse a la forma que toman los cojines sobre los que te recuestas. El sol en las amplias ventanas de tu casa lo iluminan todo (juro que pareces un sueño), tus ojos cerrados y tu rostro sereno. Tu mano izquierda sujetando tu mejilla, la derecha impidiendo la unión de tus rodillas. No puedo dejar de observarte así, una polera de tirantes que aliviana un poco el calor que reina en tu ciudad, pescadores azules y tus pies descalzos. El cabellos que corono tu ser esta esparcido alrededor tuyo, formando una alfombra perfecta que deja su aroma en todas partes. Algo te molesta, un ligero murmullo y te acercas… tan cerca que tu respiración me acaricia. Esa melodía que adormece hasta al mas desvelado me provoca cerrar los ojos al fin y rendirme junto a ti, pero no quiero, necesito seguir viéndote… aunque ya no puedo, cierro los ojos al fin y me siento seguro, no se la razón, supongo que me la da el estar a tu lado y saber que cuando vuelva a abrir los ojos, continuaras ahí… no te perderé después de mis sueños.
Así que me alejo para volverte a ver, no en mi realidad como hasta hace un segundo, ahora me toca encontrarte en ese otro lugar, donde siempre me has pertenecido… ese lugar donde siempre te encuentro.
Tanto

Tan clara era la piel de su rostro, tanto, que cursos de ríos nacían de sus ojos. Ojos grandes y expresivos, de un color poco definible. Tan cambiante son sus tonos, tanto, que un símil con su ánimo no sería errado. A veces tan cercana, tanto, que sus largos dedos no acariciaban el cuerpo, pues etéreos vueltos, atravesaban los tejidos llegando al alma. Tan lejana otras veces, tanto, que sus silencios crudos se volvían en mis mejillas bofetadas. Tanto quería abrazarla, tanto, pero es que realmente jamás supe cómo encontrarla, y es que como dos niños de primaria jugábamos a mirarnos, a decir más con los ojos que con los labios.
Pero estoy tan contento, tanto, por presenciar y guardar en mi memoria los pasos de tus bailes, las risas que al aire regalaste, los minutos que junto a mí descansaste. Tal cual como tantas veces antes, tantas, había imaginado. Tu cabello montañoso cubriéndolo todo, tus labios rosa viva dejaban escapar aquel cálido aire. Ese aire que bendito vuelven tus pulmones y que me dio el regalo de por dos días ver tus andares. ¡MALDICION!, estoy enamorado. Sin besarte, sin que me ames, sin vivir en la misma ciudad, sin ahora poder mirarte, sin siquiera saber cuándo volveré a encontrarte. Aún así estoy tan enamorado… tanto.
martes, 12 de octubre de 2010
Tengo el deseo de no desear nada
Tengo el deseo de no desear nada. Porque los deseos conllevan consigo la oportunidad de la decepción. Y mis decepciones ya ocupan un lugar demasiado grande en la habitación. Le quitan espacio a mi lugar de descanso, ya hasta en mis ojos se hicieron patentes evitando que logren cerrarse completamente, consiguiendo que me paseé por sueños constantes e interminables, volviéndolos un refugio de evasión serena y adictiva. La fuerza de mis piernas se desgasta, la irrigación en mis músculos se va perdiendo y la movilidad cesa.
Odio estas calles, estas micros, los edificios que me rodean, esa atmósfera de depresión que encerró mi casa entre sus paredes y su puerta. Odio este cielo y sus luces pequeñas titilando a lo lejos. Esos arboles y su viento frio que rosa mis oídos. Me he vuelto capaz de odiar todo lo que amé, menos lo único que me hace odiar lo amado.
No entra nada en mi cabeza, la información nueva pierde terreno a los recuerdos, lo que me pudo importar dejo de hacerlo. Lo que puedo alcanzar con las manos perdió su valor y ahora descansan vacías dentro de mis bolsillos, frías y sin vida.
Mis dedos tan largos en algún tiempo ahora se acortan y pierden su antigua habilidad para expresar lo que quiero. No quieren nada nuevo.
Lo que percibía como bello hoy no lo es, pues nada ya es bello a menos que algo de ti posea. Si algo me atrae es producto simplemente de que algo tiene que se parece a lo que tu tienes.
Creo querer encontrar algo de ti acá para que este pedacito de tierra vuelva a brillar y a recobrar su antiguo valor. Pero solo logro con ese deseo decepcionarme y aumentar en mi habitación aquel montón de desilusiones.
Dejar de sentir, de percibir y de buscar puede ser la solución, pero no puedo, porque el único deseo que no es capaz de morir es el que me dice que quizás llegue el día en que buscando te vuelva a encontrar, a percibir, a sentir.
viernes, 8 de octubre de 2010
Eso que te hace desaparecer
Y si desapareciera hoy... ¿importaría? Si ya mi voz no reposara en los oídos de las personas que me conocen ni mis ojos respondieran a sus miradas... ¿Lo notarían?
Creo ser casi como una célula de piel muerta llevada por el viento, nada muy importante e irremplazable. El batir momentáneo de unas alas en el cielo infinito que se extiende sobre las cabezas de todas las personas, todos los días.
Siempre he creído que de alguna forma solo existimos gracias al recuerdo que creamos en las personas con quienes compartimos, y por ende, si ese recuerdo dejara de existir, también lo haría uno mismo.
Cada día siento que desaparezco un poco mas, tragado por una neblina que solo yo soy capaz de ver, de crear. Tan espesa, tanto... Cada segundo a tu favor juega en mi contra, cada beso que guardas yo lo desperdicio. Cada caricia que entregas en mi son bofetadas.
Me desvanezco, logro empañar mi recuerdo en las personas que quiero. Una capacidad única y poco envidiable. Estoy borrando mis recuerdos en las memorias de los que me rodean, y si llegara a desaparecer, es porque lo merezco...
Me estoy evaporando de a poco. Ya casi no estoy... maldita alma en pena me siento la mayoría de las horas.
El navegante de la Luna
En el cielo permanecía en silencio y posado sobre la luna aquel navegante. Miraba desde lo alto lo que en la tierra ocurría. Incluso en el día, cuando nadie le veía debido a los cabellos dorados que esparcía el sol sobre los ojos de las personas, el en su trono seguía.
Las aves eran sus oídos, el viento su olfato y la lluvia sus manos. Sonreía muchas veces, en otras simplemente dormía. Jamás quiso posarse sobre el césped verdes que tan abajo de él crecían. Se alimentaba de pedazos de estrellas que alzando el brazo conseguía, en los arcoíris se divertía, no necesitaba nada... o eso era lo que el creía.
Hasta que la noche de un día de invierno, a través de las nubes grises escucho una melodía que no conocía. Pregunto a las aves, quiso saber que era lo que esa hermosa tonada producía, pero no supieron responderle, porque era un canto que solo el distinguía.
Tuvo miedo, quiso posarse sobre aquel lejano terreno, abandonar su plateada barca y besar con sus pies el suelo. Sus manos temblaron, su rostro en una mueca de espanto se contrajo cuando por su cabeza tanta idea loca iba desfilando.
¿Que significaría? ¿Donde estaría? ¿Que criatura desconocida provocaría esa melodía?
Sus pies se alargaron como los de un niño bajando de su cama, pero eran sus manos el problema, no querían dejar lo que hasta ahora había sido su vida. Se aferraron con horror al notar lo que pretendía todo su cuerpo, lo que sentía el corazón de su dueño. Aquellos terribles segundos de dudas y certezas, de miedos y deseos, de pronto se desvanecieron, no gracias al valor del navegante ni que a sus manos se resbalasen, si no que simplemente, aquel canto se había evaporado en el aire.
Su corazón aun latía fuerte, sus manos sudaban por el esfuerzo y su cuerpo entero temblaba, jamás había estado tan cerca de abandonar lo que siempre había tenido, jamás se había sentido tan cerca de dar el salto al vacio.
Varias noches y sus días transcurrieron luego de aquello, en un primer momento se sintió feliz de no haber sido capaz de dejar todo eso... pero...
Pero...
¿Y si...?
Fue la pregunta que lo acompaño desde que se despertaba hasta que con esfuerzo dormía luego de que los días pasaron, volviéndose de a poco en una lenta agonía...
miércoles, 14 de julio de 2010
Te veo
Te veo y siento unos deseos incontrolables de poder abrazarte. Te veo y quiero lograr que escuches mi voz sonando en tu oído. Te veo y necesito que calles mis palabras depositando tus labios sobre los míos. Te veo y no aguanto el tomar de una vez por todas tu mano y caminar una tarde entera. Te veo y espero que la brisa que nos rodea traiga a mí tu perfume y ahogue a mis pulmones con ese dulce aroma a ti. Te veo y mi corazón se agita por verte, por traerte a mi lado, por apretarte en un abrazo eterno. Te veo y mis pies quieren descansar, recostarme a tu lado. Te veo y mis ojos se empañan, porque te veo, porque te veo, porque te veo aunque no estés a mi lado, aunque meses ya sean desde la última vez que te vi. Te veo.
sábado, 10 de julio de 2010
coeur de pirate - fondu au noir
Duerme, el dolor pasara cuando comiences a bailar
Lo malo quedara a un lado cuando tus sueños entren en ritmo
Sembrando la felicidad con cada paso que das
Hasta que al despertar la vida retome su tren
Por cierto, pasas como el aire danzando en un mundo sin música
Privada de tus matices un poco demasiado específicos
Nadando en el dolor sin notar que es casi el tiempo
De cerrar los ojos bailando, la muerte te espera
Y si esto te hace daño es porque él no comprende
Que una mina vive en tu corazón desde hace tiempo
Y si esto hace daño es porque él no te ve
Logrando que tu sonrisa por fin se apague
Duerme, el dolor ha pasado, él no te recuperará
La respiración cortada, no eres más su cebo
Tu pena se derritió en el delirio de otros
Que olvidarán muy rápido que no eres más de nosotros
Y si esto hace daño es porque él no comprende
Que una mina vive en tu corazón desde hace tiempo
Y si esto hace daño es porque él no te ve
Logrando que tu sonrisa por fin se apague
Y si esto hace daño es porque él no comprende
Que una mina vive en tu corazón desde hace tiempo
Y si esto hace daño es porque él no te ve
Entonces que tu sonrisa por fin se apague
miércoles, 7 de julio de 2010
Ave
Quiero que mis labios trasmuten su forma física en algo mas, que posean alas, que puedan viajar libre a través de las nubes. Quiero que mis labios se vuelvan un ave y que vuelen, vuelven y vuelen y lleguen así a tu ventana una mañana, mientras el sol en lo alto corona un cielo despejado y nuevo, brillando, brillando y brillando sobre tu rostro aún durmiente. Y que mis labios vueltos ave, toquen tus labios suaves, suaves, dulces y suaves, tiernamente te toquen y te despierten. Y Descubras frente a tus ojos que mis labios renacieron para estar junto a ti en forma de ave, que observa desde el aire, cada uno de tus pasos, de tus danzas, de tus bailes.
El grito sordo de una casa vacía
Otra vez esta casa vuelve a adquirir esos matices únicos que logra con la soledad, con el silencio. El segundero del reloj parece descansar por algunas horas, hibernación constante y serena de este lugar que me pertenece por completo, un estado de letargo absoluto que el silencio con sus particularidades logra. En una detención invariable ahora el sol dejo de avanzar detrás de las nubes, las gotas de lluvia suspendidas esperan con su corazón liquido agitado llegar a un suelo que por ahora no quiere recibirlas. Solo yo tengo vida ahora, solo yo y el cigarro que expulsa su alma en forma de humo, depositado en el cenicero que tengo frente a mi, lentamente, tan lentamente que logro ver su historia dibujada en los trazos que deja su combustión, tan lento que logro ver tu figura danzando con la brisa que crea mi respiración, en este mundo único que consigo al estar solo. El espíritu de esta casa muda se sienta a mi espalda, observando los movimientos de estos dedos que se deslizan por el teclado, perfección absoluta de sincronía que intenta explicar las sensaciones que traspasan mi cuerpo, mi mente, mi alma, tu recuerdo.
Estoy aquí y seguiré estándolo aunque tu no lo estés, porque tu recuerdo me persigue como las huellas que dejo al caminar, como el aroma que mi cuerpo desprende, como los sonidos que nacen en mis labios, como todo lo que me rodea, que tiene esa inextinguible esencia a ti.
Esas visitas silenciosas
Ayer otra vez apareciste en mis sueños, ayer antes de abrir los ojos, por primera vez sentí tus besos en aquel mundo onírico, mágico, que todo lo puede. Ayer nos besamos en mi memoria. Un beso que nunca antes nos habíamos entregado, porque en mis sueños siempre aparecías silente, y despertaba cuando nos acercábamos. Nunca habíamos llegado a cruzar palabras en aquel mundo. Nunca.
Recuerdo que por lo general nos mirábamos, me mirabas de aquella forma en la cual tus ojos hacían innecesario provocar sonidos. Expresando todo a la vez, como una sola palabra que abarca una historia entera en tus ojos.
Pero ayer no, ayer nos besamos, ayer hablamos, paseamos, unimos nuestras manos, caminamos.
Desperté con el corazón agitado, desperté sin querer despertar, desperté odiando la realidad en la que me encontraba, porque tú no estabas, porque otra vez te perdía.
Quise cerrar los ojos y volver a entrar en aquel sueño, pero me fue imposible, solo me quede con la sensación de tus besos en mis labios y con un corazón agitado. Una sonrisa triste en el rostro y el calor de tus manos en mis manos. Un sueño de aquellos hermosos, donde nos besamos, como nunca antes nos habíamos besado.
Imagina
Imagina la historia, el tiempo, en un presente eterno, que al morir se nos presente ante lo que hoy son nuestros ojos, conteniendo cada uno de los momentos de la historia, ya escritos y preestablecidos de ante mano por un ser supremo.
Imagina que en aquel mundo abstracto se nos dan a elegir el renacer en el momento en que lo necesitemos, elegir cualquier momento y cualquier vehículo, como en el que ahora me encuentro, para aprender, para obtener aquello de lo que carecemos.
Imagina que en ese otro lugar, que fue necesario olvidar para poder vivir hoy, tú y yo nos conocíamos. Tu y yo como dos entes de energía flotando en algún plano que el universo no es capaz de sustentar, sintiendo el uno por el otro algo parecido a esto que llamamos amor.
Imagina que nos queríamos, y que por alguna razón en otras vidas no coincidíamos porque las lecciones necesarias no eran las mismas. Pero en esta vida, en esta vida por fin coincidimos. Tú y yo en el mismo tiempo, en lugares cercanos pero aun así lejos.
Imagina, solo imagina, que esto va más allá de los cuerpos, de la razón, de un efímero momento.
Imagina que haríamos si no pudiéramos imaginar, monotonía. Me gusta imaginar historias, reacciones, sentimientos. Me gusta. Es lo agradable de ser lo que somos, poder proyectarnos, alejarnos de esta realidad material para crear nuevas historias.
martes, 29 de junio de 2010
El estar no significa nada
Este no soy yo, el dueño de estas manos ajenas y de estos pensamientos deprimentes. Yo no soy el que ahora camina con mis zapatillas ni el que duerme en aquella cama en la que tantas veces repose mi cabeza y mis pesadillas. Alguna vez estuve en todos los lugares que no conoces, pero desde hace un tiempo que no soy yo, yo ya no estoy aquí.
Me aleje de todos cuando cerraron los ojos, me perdí entre la espesura de sus pensamientos cuando escuchaban salir de mi boca lo que creyeron eran mis palabras, pero nadie noto que yo ya no estaba. Que estoy flotando en algún lugar extraño, donde nada es todo, nadie es alguien, y solo acompaño lo que la distancia une.
Ya no estoy aquí porque ahora vivo en aquel lugar que no se dibuja ni en los sueños cuando las nubes son comestibles y de un salto llegas al espacio. Ya no vivo aquí porque ahora vivo en un lugar que solo tú conoces y que llevas a donde vas. Aunque lo quiera, ya no vivo mas aquí porque nadie puede estar en dos partes a la vez, nadie que conozca es capaz de lograrlo.
Ya no vivo aquí porque me fui a vivir donde vives. Enganchaste no queriendo una fibra de mi alma y te la llevaste contigo sin dañarla, sin quererla, sin amarla. No fue tu culpa, tal vez mía por ser tan descuidado. No fue lo que querías porque lo que queríamos era algo distinto. Quisimos algo juntos, pero no se puede estando separados. Quisimos intentar unir nuestras manos pero la distancia nos dejo sin salida, acortando nuestros brazos.
El problema es que tu sigues donde estas, puedes vivir cada día como si fuera solo uno mas. El problema es que soy yo a quien le cuesta continuar y siente un desfallecer constante y duradero, que le hace perderse de todo lo que le rodea, por simplemente no estar, y estar contigo.
Otra de esas ilusiones en las que llegas
Dibujas círculos con tus manos, ocultando el sol, mientras sonríes y apoyas tu cabeza en mis piernas y el resto de tu cuerpo sobre aquel pasto verde intenso. Alrededor muchos niños pequeños saltan y corren y gritan intentando disfrutar mas de lo que son capaces de disfrutar y se pierden entre resfalines y pasamanos, y ruedas giratorias y subibajas.
Dices, mientras sonríes y ves tus manos, palabras que por mas que quiera no entiendo, tus ojos siempre han hablado mejor que tu. Aun así logras borrar cicatrices, mientras continuas con el movimiento de tus dedos proyectados contra el cielo.
Tu piel parece reflejar la luz de sol, de papel se visten ahora tus brazos y piernas y tus pies descalzos y los zapatos olvidados en algún lugar que ya no importa. No me miras mientras hablas, tus ojos danzan con tus manos. Me encantas.
Y no es un embrujo provocado simplemente por tu voz sonando en aquel dialecto desconocido, sino también tus silencios eternos y llenos de gustos que saben a tesoros ocultos. Y pienso en ser mejor de lo que soy, mientras te miro recostada pendiente de las aves que surcan tu cielo, pienso en ser mejor de lo que fui para que quizás así pueda algún día descubrirlos.
Te observo con mis manos apoyadas en el pasto, mientras arriba continúan persiguiéndose las nubes que blancas no lo son tanto como las palmas de tus manos, hipnotizado me encuentro, ya sin remedio. Quizás sea tu boca la causante de este estado. El notar como formas con tus labios las letras que por más que quiera no entiendo, pero aun así en ti me pierdo.
Te giras hacia mí como si notaras que me estoy perdiendo, tu cabello formando una falda de seda en mis piernas se entrecruzan y flotan con la brisa. Me miras sin pestañar y preguntas por algo, esperando una respuesta que no llega, porque tus palabras están demasiado lejos de mi entendimiento, solo soy capaz de asentir con una cara de duda y reír por el momento.
Y noto lo alto que estas, tan alto que me es imposible encontrarte si así lo quiero, eres tu la que viene a intentar hablar conmigo y hacerme entender que aun no es tiempo de entendernos. La que intentan imprimir un poco de humanidad a sus sonidos ya olvidados por su condición casi celestial. Pero lo siento, aun así no te entiendo y lo entiendes, sabes que puedo escucharte pero que no soy capaz de oírte. Y envidio tu forma de suplir miles de palabras en una sola sonrisa, como si hablar estuviera a veces de más. Me miras mas fijamente que nunca buscando en mis ojos algo que creo perdí hace tiempo. La vergüenza me provoca cerrarlos y es ahí donde apareces nuevamente. Permitiéndome entender que es imposible dejar de verte.
Un segundo más y el calor de tus inentendibles labios. Que con los míos hacen contacto mientras mantengo los ojos cerrados. Tus palabras son inentendibles, tu sonrisa hablando abarca demasiado, pero tus labios, tus besos, le dan a todo un sentido claro.
Abro los ojos, volviste a tu cielo de día estrellado. Otra ilusión mas que he creado para tenerte pequeños segundos mas a mi lado.
domingo, 27 de junio de 2010
I
Abrí los ojos recostado sobre mi cama, la diferencia de temperatura entre el exterior y ese mundo que forman un par de frazadas solo conseguían provocar que quisiera volver a dormir.
Espere a que mis ojos se acostumbraran a la claridad que entraba por el ventanal de la pared. Si bien las cortinas cegaban un poco el paso de la luz, ésta aun lograba llenar el espacio de una forma increíble. Todo volvía a adquirir sentido luego de una noche en que las sombras le dieron viva a cada objeto y prenda que estuviera depositada en algún lugar de la estancia.
Con un esfuerzo sobre humano, y arrepintiéndome desde el preciso instante en que comencé a elevar mi brazo, quite de mis miembros adormecidos por el calor las tapas que me cobijaban. Baje los pies, aun dudando si era necesario el levantarse. Quería volver a la seguridad de mi almohada, cerrar los ojos y crean algún mundo distinto por un instante más. Pero la hora en el celular me hizo desistir, y de un salto volvieron mis pies a ponerse sobre la tierra.
Avance hasta el baño, revolviendo mi pelo con una mano y con la otra ocultando el bostezo que nacía de mi interior. Al llegar frente al espejo quise rendirme, olvidarme de la hora y de aquel sol que sonriente arrojaba sus rayos vespertinos sobre los arboles. Las ganas se esfumaron, aquella imagen simplemente no podía ser yo. La piel con un tono enfermizo, los labios secos y los ojos tristes, olvidados por el brillo que creí hace algún tiempo, poseían.
Descanse el peso de mi cuerpo sobre mis manos afirmadas en el lavamanos, baje la vista y espere a que la fuerza volviera. Abrí la llave y deje correr el chorro libremente por unos minutos, quería distraerme, buscar en el sonido del agua cayendo alguna melodía que consiguiera quitar mi imagen de la retina. Con la punta de mis dedos acaricie esa transparente capa de liquido y note lo helada que estaba, logrando que la irrigación de mi sangre se concentrara en ese sector para mantener el calor que hace poco tiempo poseía, pero no funciono demasiado. Luego de agregar un poco de convicción a mis deseos, hice un recipiente con mis palmas para reunir el agua necesaria y empapar mi rostro. Repetí un par de veces la acción hasta sentirme mas limpio, mas despejado. Al levantarme, el rostro que me devolvía el espejo, fue un poco mas aceptable, solo un poco.
Busque en aquel desorden de orden algún pantalón que ponerme, una polera, calcetines, polerón... encontré todo lo que necesitaba, pero pensé en lo que quería. Eso jamás lo he encontrado.
Sobre la mesa había pan, había café y todo lo necesario para prepararse un desayuno decente. Herví el agua, saque desde el estante un tazón para que contuviera aquella mezcla maravillosa que da como resultado un buen brebaje. Como siempre, la taza casi llena, una cuchara de café no muy colmada y 3 de azúcar, quizás un poco mas o un poco menos.
Me senté frente a la televisión para no ver nada, solo quería algo de ruido que llenara esta casa que se escuchaba mas silenciosa de lo normal. Mi familia no estaba, la voces con las que todos los días compartía (tanto así que las memorice) no se dignaban a sonar, porque las bocas que las producían hoy habían desaparecido, al igual que los cuerpos que las llevaban. ¿El resultado?, un desayuno tranquilo, solo, pero tranquilo.
Las mascadas al pan terminaron por hacerlo desaparecer, los sorbos al tazón introdujeron todo el liquido a mi organismo, los ojos sin ver, vieron algo en la tele sin entender, que llegaba a su fin, como este momento del día, el desayuno había concluido casi tan rápido como se preparo, sin pena ni gloria. Sin risas ni discusiones, sin conversaciones monótonas ni temas interesantes, fue solo un desayuno como cualquiera quisiera un desayuno.
Por mi cabeza no paso lavar ni limpiar el desorden que había provocado, mis manos ya habían vuelto a recobrar la tibieza perdida cuando lavé mi rostro, y pensar en perderla lavando la loza, no era pensar. Mire por la ventana mientras en la TV seguía sonando un programa que luchaba por llamar mi atención. Afuera la plaza, frente a la cual se ubica mi casa, estaba tranquila, no había viento que moviera las hojas verdes de los arboles, ni al pasto que quería vestirse con las hojas secas. La luz de la mañana provocaba esa sensación de juventud en todo, los colores limpios, los reflejos perfectos, el cielo de ese azul claro en el cual no cabe la mas mínima nube. Los sonidos cristalinos y tenues, todo formaba una de aquellas mañanas perfectas en las que quieres salir para simplemente dejar que tus pies disfruten del caminar por un entorno totalmente conocido y nuevo a la vez.
Así que apague la televisión con una sonrisa en los labios, alcanzando a escuchar como el conductor de un programa sin formato ni fondo me pedía la última oportunidad para captar mi atención. Abrí las cortinas para que un poco de esa sensación nueva llenara los espacios antiguos a los que ya, malamente, me había acostumbrado. Deje sobre la mesa del teléfono una nota que decía simplemente "salí". Sin destinatario ni remitente.
Abrí la puerta que me separaba de la calle y como todo, un aire nuevo lleno mis pulmones, dejándome un poco de esa juventud en las piernas, logrando que los primero pasos (y los mas difíciles) se dieran casi sin esfuerzo. Una sonrisa se dibujaba en mi rostro y mis brazos se balanceaban libres junto a mi cuerpo. Las zancadas eran amplias, mis ojos se hicieron insuficientes para alcanzar a notar y ver todo lo que valía la pena ver. Como esa ave que reposaba sobre los cables de corriente, tan dispuesta a volar como a descansar mientras dejaba que el sol dibujara sobre su plumaje figuras de distintos colores. O esa hoja que caía de un sauce casi en cámara lenta, sin un viento violento que la sacudiera, sino que simplemente con la briza que hacia su caída más lenta y duradera, pero infinitamente mas hermosa. O aquellos perros que persiguen sus colas sin opción de alcanzarlas jamás. Era todo digno de contemplar, hasta las calles de cemento que, por alguna razón extraña, hoy estaban vacías.
Mi camino no tenía destino, nada me apuraba o retrasaba. Todo para mi se resumía en avanzar hacia donde fuera que tuviera que ir. No quería llegar a ningún sitio en esa mañana. El corazón se sentía ligero y capaz de soportar cualquier cosa.
A lo lejos vi una micro detenida, sus neumáticos descansaban inertes sobre el pavimento y mantenía las puertas abiertas. El cartel que indicaba el recorrido solo tenía escrito "donde quieras ir" y eso llamo mi atención. Me acerque sin dudar, algo me decía que debía tomarla. Subí los escalones y en el asiento del chofer una sonrisa radiante me daba la bienvenida. El dueño de aquella sonrisa me miraba afable y asintiendo ante mi cara de duda y sorpresa. Sobre su cabeza se apoyaba un gorro azul con visera negra. De camisa blanca y corbata tan azul como su gorro. Pantalones de tela obscuros y zapatos lustrados me indicaron que debía ser una persona de fiar. Es extraño como las apariencias, como la forma de vestir, a veces pueden afectar tanto ciertas decisiones en la vida. Nada me hacia desconfiar de aquella persona que se encontraba frente al volante, menos después de ver aquella amplia sonrisa.
- Hola - dije intentando devolver una sonrisa semejante.
- Buenos días joven - respondió sin dejar de sonreír.
- ¿Que recorrido tiene esta maquina?
- Nos dirigimos hacia donde quieras ir - Su voz era profunda, tanto como la que adquieren las personas que ya alcanzan una edad avanzada, reflejando en su tono toda la experiencia adquirida con el paso de los años, que el no aparentaba.
- ¿y si no se donde quiero ir? - cuestione
- Lo sabrás cuando tengas que saberlo, este bus llegara aunque no te des cuenta de aquello - respondió mientras con su mano derecha daba contacto y provocaba que el corazón de aquel transporte volviera a palpitar con el rugido de un animal salvaje - Por ahora toma asiento y disfruta del viaje -.
Un poco sorprendido avance por entre medio de la fila de asientos, sin decidirme muy bien donde sentarme, aunque siempre me incline por el lado derecho de las hileras, reflejo de mi condición de diestro.
El bus estaba vacio, en el solo viajaba yo y su chofer, que ya hacia surcar la maquina cual barco el medio de un mar de concreto. Las ventanas estaban muy limpias, tanto así que llegaron a confundir mi percepción, haciendo necesario tener que estirar el brazo y tocar el vidrio con la punta de mis dedos, para convencerme de que realmente había un vidrio que me separa del exterior. El olor que se sentía en todo el lugar era a pino fresco, con ligeros toques a menta que despejaban de una manera extraña las vías respiratorias, permitiendo notar aun más el primer olor. Era un viaje tranquilo, sin sobre saltos ni desniveles en el camino que provocaran interrupción. Detrás de las ventanas el paisaje mostraba hileras de casas bien pintadas y de todos los colores conocidos, con jardines amplios y sin rejas. Con ventanales que permitían ver el interior de ellas, como los ojos de las personas. Pero algo llamo mi atención, algo que estaba ocurriendo desde que di el primer paso fuera de mi casa. No había visto persona alguna disfrutando de este día hermoso en las calles, niños jugando en los parques o parejas besándose. Matrimonios jóvenes con un coche delante de ellos o ancianos viviendo los años mas tranquilos de sus vidas. Solo yo y la persona que ahora dirigía la maquina.
- ¿Donde están todos?
- ¿Quienes? - me respondió el conductor mirándome a través del espejo retrovisor.
- Las personas, ¿Porque no hay nadie en las calles disfrutando del sol y esta mañana brillante?
- Eso deberías preguntártelo tu mismo - dijo, imprimiendo en su voz un tono de misterio que logro espantar de mi cualquier duda, no quería conocer la respuesta, aunque su sonrisa invitara a preguntar.
Así prosiguió el viaje en aquel transporte que me llevaría a donde yo quisiera, aunque yo no eligiera el camino que estaba recorriendo, aunque fuera otra persona que maniobrara el volante, aunque no fueran mis pies quienes avanzaran, llegaría finalmente a donde yo quisiera.
Cerré los ojos sin darme cuenta, el ronroneo del motor y el movimiento de la maquina adormecieron mis sentidos, dándole peso a mis parpados que terminaron por rendirse ante tal presión. Mi mente, mis pensamientos y mis deseos se fueron con mi conciencia a un lugar distinto, dejando dueño de mi mundo a aquella parte de mi tan desconocida y difícil de entender... dejando a cargo a mi inconsciente.
Abrí los ojos debido a una maniobra brusca de la maquina, el camino había dejado de ser aquel camino liso y sin baches de antes, ahora era difícil avanzar, el concreto estaba en mal estado y provocaba que cada cierto rato la maquina saltara o tuviera que detenerse para continuar. La cara del chofer ya no mostraba esa sonrisa afable, la había cambiado por una mueca casi de dolor, como si sintiera lo que pasaba con su bus, como si le doliera a el cada salto y movimiento brusco. No quise preguntar donde nos encontrábamos, el exterior había cambiado totalmente, como todo. Junto a la ventana ahora se apiñaban grupos de edificios en mal estado, con la pintura carcomida por el tiempo, todos ellos poseedores de ventanas sin luz o tachonadas con maderas podrirás. La belleza de la mañana había quedado atrás, en alguna vuelta del camino que no pude apreciar porque no me encontraba en, ese instante, en mi.
Sobre el cielo ahora se pintaban trazos de nubes negras, el azul claro del cielo se estaba transformando un gris opaco y sin vida. Los rayos del sol ya no llegaban con la nitidez de antes ni con el calor. Ya casi no existía el sol. Todo había cambiado, o casi todo. Las veredas aun estaban despobladas.
Sentí que era momento de dejar aquel medio de locomoción, sentí que era hora de avanzar con mis pies nuevamente, así que me levante de mi asiento y le pedí al chofer que me dejara en la siguiente esquina. Me devolvió una mirada sorprendida, como si se hubiera olvidado que en algún momento me había recogido. Y era entendible, todo había cambiado. Era casi imposible recordar algo de ese sol, de es ambiente, envuelto en aquel manto gris con el que se había cubierto el mundo.
Freno la maquina con el pedal a fondo, logrando que mi cuerpo intentara proyectarse para continuar con la velocidad que llevaba, pero los reflejos fueron mas rápidos y mis manos alcanzaron a aferrarse del primer asiento. La puerta se abrió y baje. El aire estaba cargado, helado. Los conductos nasales parecieron congelarse con la primera inhalación. Mi garganta se seco y mi corazón comenzó a latir con más velocidad para compensar la perdida de temperatura. No sabia donde estaba ni a donde podía ir. La ropa que había elegido al despertar no era la mas adecuada para luchar contra el frio que estaba cayendo.
Me gire sobre mis talones para preguntarle a conductor del bus en que lugar me encontraba o si me podía dar alguna indicación de como llegar a un lugar seguro, pero la puerta cerrándose frente a mis narices y el rugir de un motor cansado fue la única respuesta que recibí antes de ver como ese gigante de fierro y latas desaparecía en el primer cruce que encontró, despidiendo un humo negro por su tubo de escape.
Mire al cielo y ya no era posible ver nada mas que nubes avanzando, empujadas por un viento que aun no tocaba tierra, pero que pronto lo haría. La lluvia también se acercaba, se podía notar en el aire, como también el hecho de que no seria una lluvia agradable. Así que inyecte de energía mis piernas para encontrar un lugar en el cual cobijarme antes de que el cielo se derramara sobre mi cabeza.
No había nadie en las calles, no había locales abiertos a los cuales ingresar por un poco de calor (si es que algo en medio de este mundo podía entregar algo parecido al calor), así que solo me resigne a caminar con la cabeza gacha y las manos dentro de los bolsillos.
Sin querer comencé a contar las divisiones entre los trozos de cemento que conformaban la acera por la cual transitaba, buscando algo de distracción para no notar el frio en aumento.
Cuando había alcanzado la división numero 118 perdí la cuenta, algo mas había desviado mi atención. Lamentablemente no fue una persona, todas desaparecidas por una extraña razón. Si no que desde la vereda de enfrente se proyectaba una luz potente que le ofreció algo de esperanza a mi ya decaído animo. Cruce la calle sin mirar hacia los lados (sin personas, no habían vehículos que temer) y llegue hasta la fuente de la luz.
jueves, 24 de junio de 2010
Carnaval
Fuera de mi ventana se desata un carnaval, las hojas bailan con desenfreno. Flashes luminosos llenan el escenario logrando que los asistentes dilaten sus pupilas, provocando esa distorsión de la realidad tan excitante y adrenalínica. La música de aquella melodía grita sus notas a través de cada rendija, subiendo el tono y provocando estados de clímax constantes, logrando que sobre el techo los asistentes aplaudan con tal pasión, que ensordecen.
Mis nervios están por explotar, quiero escapar de este encierro claustrofóbico y tocar la libertad que me mira por entremedio de las cortinas a medio cerrar. Ahogarme en aquel carnaval de gracia suprema derramada desde los cielos. Ese goce total de los sentidos, olores nítidos, sonidos amortiguados, contactos superfluos de dedos que no lastiman la piel, sino que la refrescan. Visiones etéreas que inundan de realidades mágicas este mundo absurdo.
- ¿Quieres acompañarme un rato y danzar conmigo bajo la lluvia?
- (silencio)
- Oh, lo siento, es que suelo olvidar que no estas a mi lado, aunque me guste creer lo contrario.
- (silencio)
- ¿Sabes que hace unos meses el sonido de estas gotas en la ventana venían con el recuerdo de alguien más?
- (silencio)
- Mmm, lo imaginaba. Se que no te molesta, que entiendes que las cosas pasan por que tienen que pasar, pero…
- (silencio)
- …quisiera que estuvieras aquí.
El carnaval continúa fuera de estas paredes. El carnaval aquel en que quisiera verme envuelto y olvidarme un poco de todo esto. Aquel carnaval que ahora se siente cada vez mas y mas lejano, porque cerré mis ojos y mis sentidos se están aletargando. Ese carnaval que ya no existe, porque al fin, me dormí envuelto en estas frazadas que con cada segundo que pasa se entibian mas.
Porque simplemente, desaparecí.
martes, 15 de junio de 2010
Sólo yo
Me deleito con la soledad de esta casa, el poder subirle el volumen a la música que me gusta y llenar con ella cada rincón, hasta el mas oculto, aquel que no es capaz de sustentar telaraña alguna. Me gusta recostarme en el sillón y dejar que mis ideas se disparen mientras espero que la tetera hierva. Dejar sobre el mantel la leche y el café, el azúcar y el pan, la mantequilla y mis ganas de prepararme algo. Mirar por la ventana sin ver nada en particular, solo el tono del atardecer, opaco, triste, como el aviso de una tormenta venidera. La calma que precede al llanto, el silencio que esconde un grito próximo.
Me gusta cerrar los ojos cuando siento que todo lo que existe es mío, que no es necesario compartirlo, ni una obligación hacerlo. Soy solo yo en esta casa pequeña, en estas paredes que con el paso de los días parecen descascararse mas y mas y que piden a gritos una mano de pintura que no llegara, porque no hay dinero para comprar un galón. Me agrada no ver caras tristes, ni espaldas encorvadas por el peso. Soy solo yo, que ahora escribe en el computador mientras la música suena al máximo, escuchando lo que quiero. Soy sólo yo, el que ahora se ira a preparar esa taza de leche con café que quedo sobre la mesa aguardando, soy sólo yo el que ahora piensa en ti, soy sólo yo el que siente que el alma consiguió un peso difícil de soportar.
Soy sólo yo, sólo yo... hasta que un golpe estremezca la puerta y alguien vuelva a robar mi soledad y la transforme en compañía.


